Es la estrella de los mercados veraniegos: la berenjena conquista por su brillante piel morada, su textura fundente y ese sabor ligeramente ahumado que revela al cocinarla. Sin embargo, puede intimidar a algunos. ¿Demasiada agua? ¿Demasiado amarga? Con unos cuantos trucos, se puede convertir en un ingrediente irresistible.
¿La clave? Elegirla bien firme, con la piel tersa y brillante, y prepararla con mimo. Antes de cocinarla, dejarla sudar con un poco de sal ayuda a eliminar el exceso de agua y a suavizar su amargor. A partir de ahí, todo es posible: al grill en la barbacoa, asada al horno, confitada en la sartén o convertida en una deliciosa crema para untar en el aperitivo.
Otra ventaja de la berenjena: es un vegetal bajo en calorías, rico en fibra y antioxidantes. Dicho de otro modo, reúne todo lo que buscamos en una cocina veraniega: sana, sabrosa y ligera.
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